lunes, 28 de mayo de 2012

Dio EPN el discurso más importante de su carrera: El Economista




La trigésima sesión del Consejo Político Nacional del PRI fue el escenario en el que Enrique Peña Nieto pronunció el que muy probablemente sea el discurso más importante de su carrera política, escribió Alberto Aguirre, en un artículo publicado en el diario especializado El Economista, titulado "Y tú ¿le crees a Peña?".
Ese mensaje -al que algunos comparan con el histórico discurso de Luis Donaldo Colosio del 6 de marzo de 1994- carece de los recursos retóricos que habitualmente utiliza Frank Martínez (el speechwriter de cabecera del candidato del PRI) y sorprendió por su brevedad y contundencia: es hora de romper con el pasado.
“No tendrán cabida ni la corrupción ni el encubrimiento y mucho menos la impunidad”. Advirtió: “Quien no esté dispuesto a comprometerse con la democracia, la libertad y la transparencia, simplemente, no tiene cabida en este proyecto”, continúa el texto.
A punto de enfilar hacia la recta final de las campañas, el exgobernador del Estado de México formuló un deslinde claro respecto de lo que representa históricamente el PRI, justo en el momento en el que arrecian las manifestaciones en su contra.
El viejo PRI, diagnosticó, no podrá sacar al PAN de Los Pinos, en el entendido de que la sociedad mexicana ahora enfrenta la disyuntiva de la continuidad -representada por el josefinismo- o el cambio.
Podría concederse el beneficio de la duda al abanderado de la coalición Compromiso por México y asumir que, en efecto, forma parte de una nueva generación de priístas. Sólo que durante su trayectoria en el servicio público, que apenas cubre tres lustros, nunca había dado muestras de lo contrario.
El planteamiento de Peña Nieto naufraga en los mares de la demagogia electoral y está sustentado en una premisa falsa, por prevaricación.
Las manifestaciones de las últimas semanas dejan ver una ciudadanía alejada del conformismo.
La invencibilidad de Peña Nieto era una apuesta demasiado arriesgada, principalmente, porque implicaba la apatía de un electorado harto con la clase política como correlato. Significaba que la gente aceptara el regreso del PRI a Los Pinos como un destino inexorable y no como un desafío que mueve a la resistencia y a la rebelión para aquellos que, en lugar de vivir el futuro como una penitencia inevitable, imaginan un cambio verdadero.
A pesar de todo, Peña Nieto mantendrá sus denodados esfuerzos por borrar las máculas generadas por su Waterloo de la Ibero. La promulgación de su “manifiesto por una Presidencia democrática” y su careo con los participantes en la más reciente emisión de Tercer Grado, anteceden a su discurso contra el pasado priísta que lo persigue.
Y por más que niegue que el expresidente Carlos Salinas de Gortari sea su padrino, que haya pactado con La Maestra Elba Esther Gordillo o insista en que se suma a las demandas de castigo a ejemplar a sus homólogos -llámense Humberto Moreira, Tomás Yarrington, Mario Marín o Ulises Ruiz-, simplemente, fracasa en el intento por lograr que su voz traspase las atalayas tricolores.
Antes de llegar a las urnas, ha quedado claro que una franja importante del electorado optará por el cambio y no por la continuidad del modelo panista. Enrique Peña Nieto trata de presentarse como una opción de “cambio responsable”. Su propuesta, formulada implacablemente, carece de sustento.
Queda un mes de campaña y la ofensiva final contra el abanderado priísta está en curso. Avanzan las actuaciones judiciales contra los representantes del viejo PRI y el siguiente implicado es un exgobernador de Oaxaca. Ahora mismo están ejecutándose las actuaciones derivadas de la denuncia penal interpuesta por Gerardo Cajiga, el actual secretario de Finanzas del gobierno estatal.

Con información de El Economista

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